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Jesus Enrique Barreto Juarez

Todas las noches lloro por mi hijo”: El padre de Jesús Enrique Barreto lucha por su libertad 

Jesús Enrique Barreto Juarez, de 23 años, estudiante de Ingeniería en Sistemas, fue detenido en su casa, alrededor de las 8 de la mañana, sin ninguna orden de arresto 

“Cuando se lo llevaron, se acababa de levantar. No sabía lo que estaba ocurriendo, y su abuela gritaba desesperada que era inocente”, recuerda con la voz quebrada Pablo Barrero, padre de Jesús Enrique Barreto Juárez, un joven de 23 años que permanece detenido desde el 28 de septiembre de 2024, alrededor de las ocho de la mañana, en el estado Trujillo, Venezuela.

Desde ese día, Jesús Enrique no solo perdió su libertad. También enfrenta una batalla silenciosa contra una enfermedad debilitante: lupus. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), el lupus es una enfermedad autoinmune, donde el sistema inmunitario ataca por error a las células y tejidos sanos, generando inflamación y daño en diversos órganos. Es una condición crónica y multisistémica que requiere tratamiento constante. “Fue diagnosticado en su niñez”, explica su padre con preocupación.

Pese a la gravedad de su condición, Jesús no ha recibido atención médica adecuada en prisión. Tenía una cita de control el 23 de junio, pero fue suspendida hasta el 8 de julio porque la Fiscalía no emitió la orden necesaria. Su salud sigue en riesgo.

La detención de Jesús Enrique no solo es injusta, también fue ilegal. Fue sacado de su casa sin una orden de arresto, violando abiertamente el artículo 44 de la Constitución venezolana, que establece: “La libertad personal es inviolable; en consecuencia: ninguna persona puede ser arrestada o detenida, sino en virtud de una orden judicial.”

Luego de su captura, fue trasladado al destacamento número 10 de la Guardia Nacional en Valera, estado Trujillo. Siete meses después, sin explicación, fue movido al destacamento número 20, mucho más alejado. 

“Quedaba muy lejos y yo hacía un gran esfuerzo para poder verlo. Después de tantas gestiones, lo regresaron al Destacamento 10, que me queda más cerca”, cuenta Pablo.

¿Quién era Jesús Enrique antes de ser arrestado?

Un estudiante de Ingeniería en Sistemas, tranquilo, cercano a su familia. Su ausencia es devastadora para sus seres queridos. Su padre, especialmente, carga con el peso del dolor y la impotencia. “Todas las noches lloro. Me quedo dormido llorando. Pero cuando lo visito, le digo que tenga valor, que en cualquier momento va a salir. Yo también intento tener fuerza, aunque me sienta triste o decaído”, confiesa.

Cada ocho días, Pablo le lleva comida a su hijo. Cada visita es un nudo en la garganta. Cada despedida, una herida más.

Si tuviera la oportunidad de hablar con quienes gobiernan el país, Pablo ya tiene claro lo que diría: “Investiguen bien los hechos, porque les juro que mi muchacho es inocente. No ha cometido ningún delito. Está enfermo, necesita atención médica. Ayúdenlo, por favor.”

Como tantos otros jóvenes detenidos injustamente en Venezuela, Jesús Enrique enfrenta acusaciones infundadas de terrorismo e instigación al odio. Su padre ha entregado documentos, pruebas médicas, ha hecho diligencias, ha suplicado. Pero la respuesta ha sido el silencio.

“De verdad, les pido que me ayuden con la liberación de mi hijo. Es lo único que tengo”, culmina. 

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