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Dainer Abraham Rivero

“Todos sus sueños están como detenidos”: la vida pausada de Dainer Abraham

Dainer Abraham, de 17 años, fue detenido el 29 de julio en La Guaira. Desde que está encerrado, no ha podido continuar sus estudios y uno de sus mayores sueños era culminar sus estudios 

El 29 de julio, la vida de Dainer Abraham Rivero, un estudiante de 17 años, dio un giro que ni él ni su familia imaginaban. Ese día fue detenido en La Guaira mientras caminaba junto a cuatro compañeros. Él forma parte de los cinco adolescentes que continúan, hasta hoy, privados de libertad sin que existan pruebas en su contra.

Dainer fue interceptado por hombres encapuchados y armados. Sintió miedo, como cualquier adolescente lo habría sentido. Lo vendaron y lo subieron a una camioneta que nunca pudo identificar. Recorrieron durante horas sin rumbo conocido, hasta que finalmente lo entregaron a la Policía del estado La Guaira. Desde entonces, su vida —y la de su padre, Armando Rivero— quedó congelada.

Hoy, Dainer permanece en el Centro de Detención Preventivo de Adolescentes y Féminas, ubicado en el Retén de Caraballeda. Un lugar donde los sueños no crecen, donde el tiempo se vuelve enemigo.

“Mi vida cambió totalmente, esto fue algo que nunca, pero nunca imaginé. Vivo con susto, preocupación y muchas cosas, además de luchar constantemente con el hecho de llevarle comida a mi hijo”, cuenta su padre, con una mezcla de tristeza y agotamiento.

¿Quién era Dainer antes de la detención?

Armando lo recuerda con ternura: un joven estudioso, con sueños de universidad, amante del fútbol, lleno de vida. “Yo lo he criado desde los seis meses y lo conozco muy bien. Él es inocente, no es terrorista, es un muchacho de buen corazón. Con ganas de vivir, pero ahí encerrado, todos sus sueños están como detenidos”, dice entre sollozos.

Como padre y único responsable legal, Armando también lleva la carga económica. No tiene empleo fijo y, en muchas ocasiones, se le hace cuesta arriba llevarle a su hijo comida o productos de higiene personal. Pero aun así, nunca ha dejado de intentarlo.

Dainer enfrenta cargos de terrorismo e instigación al odio. Su padre no comprende cómo esas acusaciones pueden recaer sobre un muchacho que solo soñaba con estudiar. “Mi muchacho no es terrorista”, repite como un mantra, con el pecho apretado por la impotencia.

Carlos Trapani, director de Cecodap, organización que defiende los derechos de niños y adolescentes, advierte que ningún adolescente debería ser procesado por terrorismo. Explica que esta figura penal, incorporada en la reforma de la Ley Orgánica para la Protección del Niño, Niña y Adolescente (Lopnna) de 2015, puede generar penas desproporcionadas. “La advertencia que hacemos es no criminalizar al adolescente”, enfatiza Trapani.

También resalta la falta de acceso a defensa privada, una garantía mínima que ha sido negada desde las primeras detenciones tras las elecciones.

 

Un padre que no se rinde

A pesar de los obstáculos, Armando ha acudido a todas las convocatorias del Ministerio Público, entregando documentos que respaldan la inocencia de su hijo. A cambio, solo ha recibido silencio.

Cada día de visita se convierte en un suplicio emocional: una sola hora para ver a su hijo, una eternidad al tener que dejarlo de nuevo. “Yo no quiero dejarlo. Cada vez que me tengo que ir, se me arruga el corazón, porque mi hijo no merece estar ahí. Tenerlo ahí es una verdadera maldad”, confiesa con la voz rota.

Antes de irse, desde la calle, le grita a todo pulmón: “¡Hijo, Dios te bendiga!”

El mayor anhelo de Armando es simple, pero profundo: “Mi único sueño es que suelten a mi muchacho, lo quiero a mi lado, que continúe sus estudios, su preparación”. Mientras eso no ocurra, ni él ni Dainer podrán volver a vivir en libertad.

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