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Luis Eduardo Perozo

Luis Eduardo Perozo fue a comprar pan y se lo llevaron preso: su madre nunca dejó de esperarlo 

Luis Eduardo Perozo fue detenido el 31 de julio de 2024 mientras caminaba a su casa, después de comprar pan. Su madre nunca dejó de esperarlo 

Luis Eduardo Perozo salió de prisión en diciembre de 2025. Esta es su historia: 

Luis Eduardo Perozo tenía 22 años cuando su vida se detuvo de forma abrupta. El joven fue detenido de manera arbitraria el 31 de julio de 2024. De acuerdo al testimonio de su madre, Yuraima Piñero, no estaba manifestando ni participando en ningún tipo de disturbios. Ese día, caminaba de regreso a casa, cumpliendo un encargo cotidiano, cuando fue detenido por funcionarios de la policía estadal en el estado Carabobo.

Ese día, recuerda su madre, había llegado el gas a la comunidad. Luis salió a buscarlo mientras ella lo esperaba en casa. Al notar que tardaba, lo envió a comprar pan. Nunca regresó. En el camino de vuelta, los policías se lo llevaron sin explicaciones. 

Horas después, los mismos funcionarios regresaron a la vivienda para entregar las bolsas con el gas y el pan que Luis había comprado, una escena que Yuraima describe como una de las más dolorosas que ha vivido: “las cosas de mi hijo estaban allí, pero él no”. 

Según relata Piñero, tras la detención, Luis fue entregado al Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). “Lo agarraron caminando, él no estaba protestando”, insiste Yuraima, aferrada a la verdad que ha repetido durante meses. 

Antes de su arresto, Luis trabajaba en una tienda de teléfonos y contribuía con los gastos del hogar. Era un joven trabajador, con planes sencillos y sueños postergados.

Perozo, al igual que los detenidos después de las elecciones, fue imputado por cargos asociados con incitación al odio, terrorismo y traición a la patria. 

Cumpleaños en prisión 

Luis cumplió 23 años dentro de prisión, lejos de casa, lejos de los suyos. Para Yuraima, el tiempo comenzó a dividirse entre visitas, esperas y silencios. “A veces estoy bien, y otras veces lloro y lloro”, confiesa. 

La ausencia de su hijo no solo dejó un vacío emocional, también económico. Con la crisis del país y sin el apoyo que él brindaba, cada viaje al centro penitenciario de Tocorón para llevarle su paquetería se convirtió en un esfuerzo adicional, cargado de preocupación y sacrificio.

A pesar del encierro y del desgaste, Yuraima se aferra a la esperanza. Dice que cree, que espera, que confía. Pero admite que cada visita le duele. “Me da tristeza verlo ahí y pensar en el tiempo que está perdiendo”, expresa con voz quebrada. Frente a la incertidumbre, su petición es simple: le pide a Dios serenidad para resistir.

Perozo salió de prisión en diciembre de 2025. Su madre nunca se rindió: asistió a cada vigilia que pudo, a cada convocatoria y recorrió todos las instituciones del país exigiendo justicia por su hijo. Aunque admite que su hijo perdió tiempo encerrado por delitos que no cometió está feliz de tener a “su muchacho” de vuelta en casa. 

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