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Juan Diego Lucena

“Mi hijo no es un delincuente, el único que hizo fue mostrar la verdad”: La madre de Juan Diego Lucena implora por su libertad 

Juan Diego Lucena, de 28 años, fue detenido afuera de su sitio de trabajo. Funcionarios del Estado, no identificados, se lo llevaron sin ninguna orden de arresto o pruebas en su contra 

Por más de once meses, Miriam Yépez vive con el dolor y la incertidumbre de tener a su hijo preso. Juan Diego Lucena, de 28 años, técnico en reparación de teléfonos y estudiante de telemática en la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA) de Lara, fue detenido el 28 de agosto en su lugar de trabajo, en Barquisimeto. Desde entonces, su vida y la de su familia cambiaron por completo.

«Ese día, unos funcionarios de civil llegaron en un carro negro sin placas. Se bajaron, le pidieron la cédula y dijeron: ‘Este es el bichito que andamos buscando’. Le aseguraron que solo lo llevarían al Comando Nacional Antiextorsión y Secuestro (CONAS) para una investigación«, relata Miriam. Su hijo pidió hacer una llamada para avisarle a su madre, pero no le dio oportunidad. Cuando ella llegó al lugar, ya lo habían trasladado. “Lo ruletearon todo el día, y al final lo encontré en la Fiscalía”, recuerda.

Juan Diego no se resistió al arresto. Según su madre, la verdadera razón de su detención fue un video publicado en TikTok, en el que mostraban unas actas. Tras revisar su teléfono, los funcionarios usaron ese material como “prueba” para acusarlo de terrorismo, incitación al odio y resistencia a la autoridad.

Un proceso marcado por irregularidades 

El proceso legal también ha estado marcado por irregularidades. La audiencia preliminar se realizó después del tiempo que establece la ley. “Un fiscal llegó a decir que no había pruebas y que él era una fresita, pero que había una orden desde Caracas y por eso lo dejan preso”, cuenta Miriam. Durante la audiencia le ofrecieron admitir los hechos para reducir la pena, pero él se negó. “Dijo que no pertenecía a ninguna organización política y que no tenía nada que admitir”.

Juan Diego está recluido en una celda de 3×2 metros en la sede del CONAS de Barquisimeto. Tiene esposa y una hija pequeña. No ha sido torturado, pero su salud se ha deteriorado: sufre taquicardia, tensión alta, hongos en la piel por el agua contaminada e infecciones frecuentes, incluida una otitis que no ha sido atendida por un médico. “La defensora no ha logrado que el tribunal autorice una revisión médica”, denuncia su madre.

Desde Sanare, su pueblo natal, la comunidad lo respalda. Han reunido más de 3.000 firmas para exigir su liberación y demostrar que es un joven colaborador y respetado. «Mi hijo no es un delincuente ni un terrorista, no quemó escuelas ni centros de salud. Está preso por decir la verdad», afirma Miriam con la voz quebrada.

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