Felipe Evíes fue delatado por defender sus derechos
Felipe Evíes, originario del estado Portuguesa, está ubicado en Tocorón y sus familiares piden revisión médica debido a su delicado estado de salud
El 7 de enero de 2024, Felipe Evíes fue detenido arbitrariamente en Acarigua, Portuguesa, tras ser señalado por un periodista local como un «incitador al odio». La acusación, basada en una conversación que tuvo con su hermano sobre las políticas del gobierno, le costó la libertad y le cambió la vida de manera irreversible. Hoy, a sus 57 años, Felipe aún lucha por su libertad, enfrentándose no solo a la injusticia, sino a condiciones que amenazan su salud.
Felipe no es un político ni un activista, sino un hombre común, comerciante informal y niñero. Su vida estaba marcada por el dolor de haber perdido a dos de sus hijos, pero siempre encontró consuelo en su nieta, a quien ha cuidado con todo su amor. La detención no solo le arrebató su libertad, también dejó a su niña sin su figura paternal.
Las condiciones en las que vive
Tras su arresto, Felipe fue trasladado a varios centros de detención. Primero estuvo en el comando de la Guajira, en el municipio Páez, y luego fue enviado a la prisión de Tocorón.
A pesar de no haber sido sometido a torturas físicas, las condiciones de su reclusión son inhumanas. Felipe sufre de diabetes y las condiciones en Tocorón no son adecuadas para su tratamiento. La comida no llega a tiempo, y cuando llega, no es la adecuada para una persona con su condición. Según los médicos del centro, las personas diabéticas deben alimentarse seis veces al día, no cada 24 o 48 horas como él ha sufrido.
Las consecuencias son evidentes: su salud se ha descompensado, pero ni las autoridades ni los médicos parecen hacer caso a su situación, afirma su hermana María Mejías.
A pesar de su salud deteriorada, lo que más duele a Felipe es el impacto psicológico de su detención. Su hermana afirma que solo puede visitarlo una vez al mes, y su mente se ve constantemente desgarrada por la incertidumbre.
En medio de todo esto, se pregunta: «¿Qué están ganando deteniendo a las juventudes ya las personas mayores? No debe ser un delito pensar diferente». Con estas palabras, Felipe expresa la frustración que sienten muchos venezolanos detenidos por razones políticas: ser castigados no por cometer un crimen, sino por ejercer su derecho a la libertad de pensamiento.
A pesar de todo, Felipe sigue luchando, al igual que su hermana. Mejías, en sus palabras hay un rayo de esperanza, una pequeña luz que lo mantiene con vida en medio de la oscuridad de la prisión. «Quisiera preguntar al presidente de la república qué están ganando con esto. Estas personas merecen estar en libertad».






