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Manuel Alejandro Bohorquez

La fe de Manuel Alejandro Bohorquez resiste al encierro, aunque su salud se deteriora cada día

Manuel Alejandro Bohorquez, de 31 años, es emprendedor y músico. Fue detenido el 14 de agosto en Maracaibo y se encuentra en Tocorón 

La vida de Manuel Alejandro Bohórquez, de 31 años, dio un giro devastador el 14 de agosto de 2024, cuando fue detenido sin resistencia mientras trabajaba en Maracaibo. Solo bastó que los funcionarios preguntaran su nombre para llevárselo. Desde entonces, comenzó un calvario no solo para él, sino también para su madre, Amadilis Colina, quien desde el extranjero lucha por su libertad. 

En un principio, Manuel fue recluido en la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) en Maracaibo, para luego ser trasladado al Centro Penitenciario de Aragua, más conocido como Tocorón. 

Su detención no solo marcó una ruptura con su vida en libertad, sino también con el delicado equilibrio de su salud: Manuel es un sobreviviente de cáncer de huesos, una condición que exige controles médicos periódicos y especializados, un entorno higiénico y un mínimo de estabilidad. Nada de eso es posible dentro del sistema penitenciario venezolano.

El informe “Prisión Injusta, Celdas Inhumanas”, presentado por el Comité de Familiares y Amigos por la Libertad de los Presos Políticos, documenta la sistemática violación de derechos fundamentales en cárceles como El Helicoide, Ramo Verde, Tocorón, Yare III, y otras. A través de testimonios de familiares, se reportan casos de tortura, tratos crueles, aislamiento, negación de visitas y la ausencia de garantías procesales. 

Desde el momento de la detención, su madre ha hecho todo lo posible por sostenerlo a distancia: envía dinero para su paquetería semanal y medicamentos. El padre de Manuel, un hombre mayor, viaja religiosamente desde Maracaibo hasta Aragua cada semana para entregarle lo necesario, ya que las visitas son los días viernes. Entre largas horas de carretera y colas de visita, carga también con la esperanza de un hijo que, pese a todo, no pierde la fe.

“Yo sé que voy a salir. Soy inocente. Cada día me despierto pensando que puede ser el día de mi liberación”, le dice Manuel a su madre. Su voz, aunque cansada, mantiene el mismo optimismo que siempre lo ha caracterizado.

Un cuerpo que resiste, un sistema que lo ignora

Amadilis insiste en que su hijo debería ser liberado por razones humanitarias. No solo por su condición médica, sino porque el Estado tiene en sus manos los informes que certifican su historial oncológico y el daño progresivo que sufre su columna vertebral.

“A Manuel le amputaron un dedo de la mano derecha. Si ese cáncer se reproduce en otro lugar, la única solución sería cortar otra vez. Tiene biopsias, informes, exámenes. No hay excusa para retenerlo en ese estado”, lamenta su madre.

La quimioterapia, que alguna vez le salvó la vida, también dejó secuelas: una masa en su columna, entre las vértebras L4 y L5, que requiere estudios constantes. Además, Manuel necesita placas de tórax cada seis meses, un control que no ha podido seguir dentro de prisión.

Desde niño, también sufre una alergia severa a las picaduras de mosquitos, una condición que en su momento enmascaró el cáncer óseo con un erróneo diagnóstico de cáncer de piel. “Yo sé que no está bien, aunque me diga lo contrario. Se preocupa más por mí que por él”, confiesa Amadilis.

Un soñador entre barrotes

Manuel no solo era un trabajador común. Fundó su propio emprendimiento: @maizone.ve, una marca de batidos, chichas y jugos naturales. Con su carisma y talento musical, también se abrió paso como cantante y compositor. “Él puede crear una canción en segundos”, dice su madre, entre risas y nostalgia.

Incluso ahora, en Tocorón, la música lo acompaña. Forma parte de un grupo musical dentro del penal, donde toca guitarra y canta los jueves y viernes durante las visitas. La música es su escape, su trinchera espiritual, su puente con el mundo exterior.

Si pudiera abrazarlo, Amadilis solo querría decirle cuánto lo admira. “Hijo, te felicito. Nunca te quejas, ni siquiera en los mensajes. Nunca has hablado mal de nadie. Siempre me dices ‘Mami, estoy bien’, incluso cuando me pides los medicamentos.”

Y aunque la distancia y el encierro son abrumadores, el amor de una madre, la fe de un hijo y la lucha constante de su familia mantienen encendida la esperanza de que la libertad llegue pronto.

Actualmente, Manuel fue declarado de los cargos que enfrentaba por terrorismo y asociación para delinquir. Pero, al pasar los días, la boleta de excarcelación no llega, pero su mamá, al igual que el resto de su familia, mantiene la esperanza de que pronto regrese a casa. 

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