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Daniel Acacio Coello

Detenido por una bandera

Daniel Acacio Coello, de 27 años, pasó un año y medio en prisión después de haber sido detenido por portar la bandera después de las elecciones de julio de 2024

Después de las elecciones presidenciales de 2024, todo el país estaba tenso y en Carabobo no era la excepción. El 31 de julio, Daniel Acacio Coello salió de su casa con una bandera de Venezuela en la mano y su madre afirma que se sentía feliz porque, días antes, había ejercido su voto. 

El día después, el 1 de agosto, la vida de Daniel y la de su familia cambió, en especial, para su madre Luz Coello. El joven fue detenido sin tener la posibilidad de defenderse y sin una orden de arresto en su contra. 

Después de su detención, Daniel fue acusado de haber salido a protestar. Pero, su madre sostiene que: “Mi hijo no estaba protestando. Él solo salió con su bandera porque pensó que habíamos ganado”. 

No había disturbios cerca de su casa, insiste. No había consignas, ni enfrentamientos. Solo un joven celebrando, aferrado a un símbolo que, en cuestión de horas, se convertiría en prueba para incriminarlo.

La Constitución de Venezuela, en su artículo 68, afirma: “Los ciudadanos y ciudadanas tienen derecho a manifestar, pacíficamente y sin armas, sin otros requisitos que los que establezca la ley”. Es decir, aunque Daniel hubiese estado en una protesta pacífica, su detención se convirtió en una violación a sus derechos humanos y al debido proceso. 

El arresto de Daniel 

Daniel fue interceptado después de hacer un mandado cerca de su casa en Carabobo. Funcionarios de la Guardia Nacional lo abordaron en la calle, lo detuvieron como si se tratara de un delincuente. Al principio le hablaron de “preguntas de rutina”, pero aquello fue solo un pretexto. 

Pronto le mostraron una fotografía: Daniel, sonriente, con la bandera en alto. Esa imagen bastó para privarlo de libertad.

La presunción de inocencia, consagrada en las leyes venezolanas, quedó en segundo plano. Daniel fue detenido y posteriormente trasladado a la cárcel de Tocorón, uno de los recintos penitenciarios más temidos del país. 

Tenía 26 años cuando entró. Dentro, cumplió los 27, lejos de su familia, acusado de delitos que, según su madre, jamás cometió: terrorismo y traición a la patria.

Desde la detención de su hijo, Luz nunca lo dejó solo. Asistió a cada vigilia, a cada convocatoria y a todas las instituciones del Estado para exigir la libertad de su hijo. 

Afirma que su hijo nunca cometió ningún delito y lo describe como un muchacho trabajador, tranquilo, cariñoso, incapaz de hacer daño. “Mi hijo es inocente”, repite con la certeza de quien conoce cada gesto y cada silencio. 

“Y sé que va a salir, al igual que todos los muchachos. Son jóvenes a los que les están truncando el futuro”.

Los meses pasaron con lentitud. Cada cumpleaños, cada fecha especial, se vivió con una ausencia que lo ocupaba todo. Daniel creció un año más dentro de una celda, mientras su madre aprendió a resistir aferrada a la fe. “Tengo la esperanza de que lo volveré a abrazar”, decía, como una promesa hecha en voz alta.

Ese abrazo llegó el 25 de diciembre de 2025. En una fecha marcada por los reencuentros y la familia, Daniel Acacio Coello fue excarcelado. La Navidad, que durante un año había estado teñida de espera y dolor, se transformó en alivio. Para Luz, la libertad de su hijo no borró lo vivido, pero confirmó que la esperanza no había sido en vano.

La historia de Daniel es la de un joven que salió con una bandera y terminó tras las rejas; la de una madre que nunca dejó de creer; y la de un país donde un gesto ciudadano puede convertirse en delito. Hoy, Daniel está libre. Su futuro, aunque herido, vuelve a abrirse paso. Y Luz, al fin, puede sostenerlo entre sus brazos, como lo prometió desde el primer día.

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